La lucha contra el desperdicio de alimentos está más viva que nunca. La reciente publicación de la Ley contra el Desperdicio Alimentario y su progresiva implementación en las empresas ha puesto el tema en el centro del debate. Muchas organizaciones ya estaban trabajando en ello, pero ahora se trata de ordenar, medir y consolidar los esfuerzos.
Sin embargo, cuando hablamos de reducir desperdicio, surge inevitablemente una pregunta:
¿Podemos hacerlo sin comprometer la seguridad alimentaria?
La respuesta es sí, y además es imprescindible hacerlo así. Seguridad y sostenibilidad no son conceptos opuestos, sino dos caras de la misma moneda.
🍚 Seguridad alimentaria y aprovechamiento: dos objetivos compatibles
Un ejemplo muy ilustrativo es el del arroz cocido. Hace unas semanas se habló mucho del riesgo del Bacillus cereus en los medios, y se recomendaba no consumir el arroz cocinado pasadas 24 horas. El mensaje buscaba prudencia, pero generó un efecto colateral: miedo a conservar y reaprovechar la comida.
En realidad, la prevención no pasa por tirar, sino por gestionar bien.
Un arroz refrigerado rápidamente —guardado en la nevera en recipientes pequeños cuando deja de quemar— puede conservarse varios días sin riesgo. Bastará con recalentar solo la ración necesaria para mantener tanto la seguridad como el aprovechamiento.
El mismo dilema se da con las fechas de caducidad y de consumo preferente. Si las fijamos con criterios muy estrictos, estaremos garantizando la seguridad, pero fomentando el desperdicio. Si, en cambio, educamos en su correcta interpretación, lograremos mantener la seguridad alimentaria y reducir la cantidad de alimentos desechados.
🧴 Envases, conservación y sostenibilidad
La innovación en envases y materiales también juega un papel clave en este equilibrio.
El uso de materiales más sostenibles y reciclables contribuye a reducir el impacto ambiental del sistema alimentario, pero hay que tener en cuenta los materiales de los que están hechos, las posibles migraciones y por tanto sus implicaciones en la seguridad alimentaria.
La clave está en diseñar envases que protejan sin sobreproteger, que faciliten el consumo responsable y eviten el desperdicio sin generar más residuos y garantizando el cumplimiento legal y la seguridad alimentaria.
🔁 Un problema global con soluciones locales
El desperdicio alimentario es un problema global: casi el 30 % de los alimentos producidos en el mundo se pierden o desperdician. Pero las soluciones deben desarrollarse desde la cercanía.
- La revalorización de subproductos,
- la donación de excedentes,
- la mejora de la logística del frío,
- o la sensibilización de los consumidores,
son estrategias que cobran más fuerza cuando se aplican en el entorno local, donde los impactos se ven y se miden de forma más directa.
Eso no significa dejar de mirar al mundo. Desde Mygeco creemos que debemos aprender de startups, tecnología y experiencias internacionales, aplicando sus innovaciones en nuestro contexto más próximo.
La revalorización de subproductos, por ejemplo, puede ir desde lo más tradicional —el uso de desechos agrícolas como abono— hasta lo más avanzado:
- proteínas obtenidas por fermentación de precisión,
- compuestos funcionales desarrollados a partir de residuos alimentarios,
- o alimentos creados mediante impresión 3D con base en subproductos de la industria cárnica.
💡 En resumen
La sostenibilidad y la seguridad alimentaria no compiten entre sí, se necesitan mutuamente.
Cada decisión —desde el etiquetado y la formulación, hasta el diseño del envase o la comunicación al consumidor— influye en ambas.
En Mygeco trabajamos precisamente para ayudar a las empresas del sector alimentario a integrar innovación, seguridad y sostenibilidad, con diagnósticos personalizados y soluciones adaptadas a cada realidad.
Solo un enfoque global, pero con los pies en lo local, nos permitirá avanzar hacia un sistema alimentario seguro, eficiente y verdaderamente sostenible. 🌾
